miércoles, enero 31, 2007

Este es un pedacito de una carta de Sofía

Miraba la ventana, toda blanca…con los vidrios sellados, quizás para que no me escape, quizás, para que no entre nada más, ni bueno ni malo. Las cortinas blancas, las paredes blancas, las sábanas blancas, la enfermera blanca, vestida toda de blanco, que traía el vaso blanco con "los confites". Todo blanco.
Quizás demasiado…quizás necesario para contrarrestar tanta oscuridad.
Esa escena que la había imaginado, soñado, y pensado mil veces, estaba pasando en la realidad…la habitación y yo. Todo blanco. Menos mi cabeza y mi alma.
El verde que asomaba detrás de la ventana, mucho verde. Y mis lágrimas que no paraban de salir.
Miraba la ventana, toda blanca…y tal cual lo había imaginado, ya no podía hablar. El silencio había tomado la delantera, sin pedir permiso, y sin molestar.
Y esa ventana rectangular en la pared derecha, describía absolutamente todo. No tenía rejas, pero tampoco podía ser abierta. No entraba frío, pero tampoco se podía sentir la brisa del viento acariciar la naríz. Mostraba un paisaje bastante lindo, pero no se podía saber que tal olían esos abetos.
Así estuve horas…días…meses….años…siglos…en el momento de mi vida en que más presa estuve, fue cuando más libre me sentí.

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