Allá nadie era capaz de decir "peor es lo que me pasa a mí"….o…"no sabés lo que se siente". Cada uno, conciente de su propio infierno, era a la vez conciente del dolor del otro sin competencias. Sin prejuzgamientos. Sin valoraciones.
Acá afuera, sin embargo, pareciera que nadie puede ser menos que el otro…incluso con el dolor. Si un amigo le cuenta a otro su angustia, muchas veces, la respuesta es "y lo que me pasó a mí entonces?"…..o …."decímelo a mí, con lo que tuve que pasar". Pareciera que no basta escuchar…siempre hay que opinar…aunque no se tenga la más puta idea…y se traiga a colación lo que le pasó de "parecido" a una tía lejana.-
Allá…era todo diferente, no había más que silencios para acompañar lágrimas, silencios para acompañar silencios. Abrazos, si eran buscados…risas, si eran compartidas…y una humanidad tan grande…como nunca jamás volví a ver en ningún lugar.-
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