jueves, junio 07, 2007

Rabindranath...mirá vos!

Nacido en 1861 en Calcuta, en el seno de una familia de brahmanes, la vida de Rabindranath Tagore estuvo marcada por un profundo amor a la Naturaleza y por la lucha pacifista, truncada ante sus ojos por dos Guerras Mundiales, y por los conflictos internos que agitaron su país.
Poco inclinado al estudio desde su infancia, a Tagore se le reprochó en vida durante largo tiempo su carencia de estudios primarios. Ante su reticencia a permanecer en la escuela, su padre confiará su educación al tercero de sus catorce hermanos. A los 17 años de edad, fue enviado a Londres por su padre con el propósito de estudiar Derecho, idea que el joven pronto desecharía.
El camino de Tagore era la escritura, a la que se consagró desde muy temprana edad, produciendo cantidades ingentes de poemas, relatos, ensayos y reseñas, que habrían de ser publicadas en numerosas revistas fundadas por sus hermanos y amigos.
El Premio Nobel de Literatura en 1913 le confiere fama mundial. Viaja incansablemente por medio mundo. Pero su mayor ambición quedó tan sólo en un proyecto. Su doctrina de la ahimsa, o no violencia, que más tarde inspiraría la emancipación hindú, le grangeó más enemigos que partidarios. Su protesta contra el colonialismo británico le llevaría a renunciar al título de sir que antes se le hubiera otorgado.
Funda la Universidad Internacional (Visva-Bharati), mediante la cual pretende inculcar su doctrina pacifista y humanista, basada en la fusión de las diferentes culturas y tradiciones de Asia.
Su amor por la paz y la justicia le vino heredado de su abuelo, que participó en las campañas contra las castas, los matrimonios entre niños y la esclavitud femenina. Su padre continuaría luchando por la modernización del país, denunciando la situación de las clases más desfavorecidas.
Su apoyo a Ghandi y sus continuos viajes por el mundo como embajador de la paz y de la cultura de su país le hicieron merecedor del apelativo de "Emperador sin Corona de la India".
El 7 de agosto de 1941 moría en Calcuta un hombre cuyos restos mortales fueron consumidos por el fuego. El fuego no hubiera podido consumir nunca, sin embargo, la herencia que ese hombre dejaba a la humanidad; una herencia de palabras, música, poesía; una herencia de ideas e ideales que tienen el poder de conmovernos por siempre. Porque su mensaje no podrá perderse nunca.
Si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas

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